Washington D.C., 19 de abril de 2026.- El presidente Donald Trump firmó una orden ejecutiva para acelerar la investigación y el acceso a psicodélicos utilizados fuera de Estados Unidos para tratar el trastorno de estrés postraumático, con énfasis en la ibogaína para veteranos militares.

La orden instruye a la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) a emitir nuevas directrices para investigadores sobre la ibogaína, un compuesto psicodélico extraído de la planta iboga en África que se utiliza para tratar depresión, ansiedad y trastorno de estrés postraumático. La directiva contempla una inversión federal de 50 millones de dólares en investigación sobre esta sustancia.

Actualmente, la ibogaína está clasificada como una sustancia controlada de la Lista I y su uso está prohibido en Estados Unidos. La orden firmada este domingo no reclasifica el fármaco para uso médico, pero abre la posibilidad de que pacientes con enfermedades terminales o graves puedan probar el fármaco bajo la ley ‘Right to Try’, aprobada durante el primer mandato de Trump.

“Con la orden de hoy, nos aseguraremos de que las personas que sufren síntomas debilitantes finalmente tengan la oportunidad de recuperar sus vidas y vivir más felices”, declaró Trump. El mandatario añadió que “estos tratamientos se encuentran actualmente en etapas avanzadas de ensayos clínicos para garantizar que sean seguros y efectivos para los pacientes estadounidenses”.

Robert F. Kennedy Jr. señaló que “esta orden ejecutiva eliminará los obstáculos legales que impiden a investigadores, científicos, médicos y clínicos estudiar adecuadamente estos medicamentos y, cuando corresponda, establecer protocolos para su uso seguro”. Uno de los objetivos centrales de la medida es apoyar a los veteranos militares; durante más de 20 años ha habido más de 6 mil suicidios de veteranos por año, y la tasa actual de suicidios en este grupo es más del doble que la de la población adulta no veterana.

Algunos estudios pequeños han mostrado que la ibogaína puede reducir los síntomas de abstinencia a opioides y ayudar en el tratamiento de lesiones cerebrales traumáticas. Sin embargo, la evidencia clínica sobre la ibogaína sigue siendo limitada y su clasificación ha dificultado considerablemente su estudio en Estados Unidos. Además, a la sustancia se le asocian riesgos médicos importantes, especialmente complicaciones cardíacas.

Previamente, legisladores en Texas destinaron 50 millones de dólares para ensayos clínicos aprobados por la FDA sobre el uso de ibogaína en el tratamiento de la adicción a opioides y el trastorno de estrés postraumático. Arizona aprobó 5 millones de dólares en financiamiento para la investigación, mientras que Colorado evalúa ampliar una ley que permite el uso supervisado de psilocibina para incluir la ibogaína. Estados como California, Indiana y Mississippi también han abierto la puerta a la investigación de este compuesto.

Este movimiento ocurre tras decisiones de la administración del expresidente Joe Biden, donde la FDA rechazó una terapia asistida con MDMA para el trastorno de estrés postraumático propuesta por Lykos Therapeutics.

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