El expresidente de Estados Unidos, Donald Trump, volvió a colocarse en el centro de la controversia luego de compartir una imagen en la que aparecía representado con rasgos similares a Jesucristo, lo que generó una ola de reacciones negativas incluso entre sectores tradicionalmente afines a su figura.

La publicación fue difundida a través de Truth Social, plataforma donde el exmandatario mantiene una fuerte presencia. En la imagen, Trump era mostrado con una estética que evocaba representaciones clásicas de Jesucristo, lo que detonó críticas por el uso de símbolos religiosos en un contexto político.

Diversos grupos conservadores y líderes religiosos expresaron su inconformidad, señalando que la imagen cruzaba una línea delicada al mezclar fe con propaganda política. Para muchos, no se trató de una simple publicación provocadora, sino de una falta de respeto hacia creencias profundamente arraigadas.

Ante la presión, la publicación fue eliminada horas después. Sin embargo, el propio Trump defendió inicialmente el contenido, asegurando que no tenía una intención religiosa y que se trataba de una expresión más dentro del debate político y mediático.

La controversia vuelve a poner sobre la mesa el estilo de comunicación del exmandatario, caracterizado por generar impacto inmediato, pero también por provocar divisiones incluso dentro de su propia base. En un contexto electoral cada vez más polarizado, episodios como este evidencian los límites —y riesgos— de recurrir a símbolos sensibles para captar atención.

En redes sociales, la reacción no se hizo esperar. Mientras algunos seguidores minimizaron el hecho como una broma o exageración mediática, otros cuestionaron duramente el mensaje, resumido en comentarios que ironizaban: “¿Cuál segunda venida? ¿La de Jesucristo o la de Donald Trump?”.

El episodio deja claro que, incluso en su propio terreno, Trump enfrenta resistencias cuando se trata de temas que tocan directamente la sensibilidad religiosa de sus simpatizantes.