El telescopio espacial James Webb (JWST) ha logrado un nuevo hito al descubrir una pequeña luna que orbita a Urano. Temporalmente denominada S/2025 U1, esta luna de apenas 10 kilómetros de diámetro se convierte en el satélite número 29 confirmado del gigante helado.

La NASA anunció este hallazgo, que representa un avance significativo para entender mejor el complejo sistema de anillos y lunas que rodea a Urano.

Un satélite que pasó desapercibido para la Voyager 2

“Es una luna pequeña, pero un descubrimiento significativo”, comenta Maryame El Moutamid, investigadora del Instituto de Investigación del Suroeste (SwRI) en Estados Unidos y responsable de las observaciones.

S/2025 U1 es tan pequeña que incluso se le escapó a la sonda Voyager 2 durante su sobrevuelo histórico del planeta en enero de 1986, hace casi cuatro décadas. Este nuevo descubrimiento destaca el poder del telescopio James Webb para explorar partes del sistema solar que antes permanecían ocultas.

A 56.000 kilómetros de Urano

La nueva luna orbita a unos 56.000 kilómetros del centro de Urano, con una trayectoria casi circular. Esta órbita sugiere que el satélite pudo haberse formado cerca de su ubicación actual, en lugar de ser capturado por el planeta.

Urano es ahora el planeta con mayor número de lunas internas pequeñas conocidas: 14 de sus 29 satélites están dentro de su sistema de anillos, y sus interacciones indican una historia evolutiva compleja.

Un sistema caótico entre lunas y anillos

“El comportamiento de estas lunas y su relación con los anillos de Urano apuntan a una historia caótica, donde se difuminan las fronteras entre lo que consideramos un sistema de anillos y uno de lunas”, explica Matthew Tiscareno, del Instituto SETI.

Tiscareno destaca que S/2025 U1 es incluso más pequeña y tenue que la luna interna más diminuta conocida hasta ahora, lo que sugiere que aún podrían quedar cuerpos por descubrir alrededor del planeta.

Del legado de la Voyager 2 al presente del Webb

Este hallazgo reafirma el valor de las misiones de exploración a largo plazo. “Seguimos construyendo sobre el legado de la Voyager 2, que nos dio nuestra primera mirada cercana a Urano en 1986”, señala El Moutamid.

Gracias al JWST, la ciencia moderna está ofreciendo una nueva perspectiva del sistema solar exterior, permitiendo redescubrir mundos lejanos con una resolución y profundidad sin precedentes.

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