La confirmación de la venta de la mítica mansión de la diva del Cine de Oro, Silvia Pinal, ubicada en el exclusivo fraccionamiento de Jardines del Pedregal al sur de la Ciudad de México, ha desatado una intensa movilización en los círculos culturales y del entretenimiento en el país. Luego de que su hija, la actriz Sylvia Pasquel, revelara a la prensa que la dinastía Pinal tomó la decisión unánime de desprenderse del inmueble completo debido a los insostenibles y elevados costos de su mantenimiento diario, las alarmas sobre el destino de su invaluable patrimonio se han encendido.
Frente al inminente riesgo de que la residencia —una joya arquitectónica diseñada por Manuel Rosen en 1955 y edificada sobre piedra volcánica— sea demolida o alterada por futuros compradores particulares, diversos sectores del ámbito intelectual, historiadores de arte y figuras del espectáculo han lanzado una propuesta de emergencia. La iniciativa ciudadana y gremial sugiere la intervención de las autoridades federales para frenar una pérdida histórica, planteando dos vías principales: la constitución de un fideicomiso mixto o la transformación definitiva del espacio en un museo público dedicado a la Época de Oro del cine nacional.
Quienes defienden este rescate argumentan que las paredes de la residencia no solo funcionaron como locación para clásicos cinematográficos como María Isabel, sino que en su interior albergan una memoria viva inaccesible en otros archivos. El inmueble resguarda colecciones de vestuario de época, libretos anotados a mano, premios internacionales de prestigio mundial —como la Palma de Oro que Luis Buñuel y Pinal obtuvieron en Cannes por la película Viridiana en 1963— y una vasta galería fotográfica.
Aunque los herederos han aclarado que el célebre retrato de la actriz pintado por Diego Rivera en 1955 ya se encuentra blindado legalmente bajo un fideicomiso propio como patrimonio cultural y no entrará en ninguna transacción inmobiliaria, el destino del resto de la biblioteca y los objetos personales sigue en el aire. La propuesta de los sectores culturales busca que un patronato adquiera la propiedad, valuada preliminarmente entre los 65 y 150 millones de pesos, para evitar la dispersión de los bienes y asegurar que las futuras generaciones puedan recorrer los pasillos de una de las leyendas más grandes de México.



























































































































































































































































